La Tregua de Navidad de 1914, un pasado con el que mirar al futuro

Hace alrededor de 112 años, en una fría noche de diciembre, ocurrió en los campos de Flandes una de las escenas mas reconocidas y emotivas de la Gran Guerra, más conocida hoy en día como la Primera Guerra Mundial.

La historia comienza tras 5 meses desde el inicio de la Primera Guerra Mundial (Julio de 1914) en el frente occidental del conflicto que Europa atravesaba en esos momentos. La llegada del invierno y el mal tiempo había golpeado a las tropas de ambos bandos con fuerza, y muchos añoraban pasar la Navidad en casa con sus familias en vez de estar atrapados en trincheras con el barro hasta la rodilla. Mientras tanto, el campo de batalla experimentaba una extraña calma, debido a la espera de los generales a reorganizar sus planes tras la estabilización de los frentes.

Dicen muchas personas que la gente que está más desesperada es la gente capaz de realizar las mayores locuras, y unos días antes de Navidad, ya sea por el estrés, la añoranza o la necesidad de hacer algo normal y tradicional, un soldado alemán en el frente comenzó a cantar villancicos. Para su propia sorpresa, su general no lo mandó callar, y otros de sus compañeros empezaron a cantar el himno alemán y otras canciones navideñas típicas.

Al cabo de un rato, cuando dejaron de cantar, escucharon que los soldados ingleses comenzaban a cantar villancicos en respuesta, esta vez en inglés. Pasaron unas horas hasta que un soldado se atrevió a asomar la cabeza por la trinchera, y al no ver ninguna respuesta enemiga se atrevió a salir a tierra de nadie. Un soldado inglés hizo lo mismo, y unos cuantos soldados más de cada bando se atrevieron a salir de la seguridad de las trincheras para encontrarse en Tierra de Nadie. Levantados enfrente ahora los soldados enemigos, se dieron la mano y se felicitaron la Navidad mutuamente.

Esta es una de las versiones acerca de como podría haberse iniciado la curiosa y peculiar tregua. A lo largo de todo el frente se empezaron a experimentar una serie de alto el fuego no oficial, aunque hubo otras zonas en las que la lucha nunca se detuvo. Hubo treguas en las que se acordaba recoger los muertos en el campo de batalla, y hubo otras que sólo eran para que los soldados descansasen, sin dejarles salir a ver al enemigo. Pero en la mayoría del frente por primera vez en meses, la artillería quedó silenciada para dar paso a las felicitaciones entre ambos bandos.

Sin embargo, la situación en los Altos Mandos era vista con otros ojos, ya que los generales no estaban de acuerdo con este comportamiento. El general francés Charles de Gaulle escribió el 7 de diciembre sobre el «lamentable» deseo de los infantes franceses de dejar al enemigo en paz y el comandante del 10.º Ejército, Victor d’Urbal, escribió sobre las «lamentables consecuencias» cuando los hombres «se familiarizan con sus vecinos opuestos».

A pesar de estas quejas, la gran mayoría del frente decidió dejar las armas a un lado y disfrutar de la paz durante unos días.

Se enviaron cartas a los familiares y se presenciaron imágenes tan insólitas como un soldado alemán y otro inglés sentados en el tronco de un árbol, hablando acerca de la guerra y las ganas que tenían de volver a ver a sus hijos. En algunas zonas incluso se organizaron partidos de fútbol entre bandos opuestos, en una tregua que por muy bonita que fuera, no podía durar.

El capitán Robert Miles escribió aquella noche “Viernes (Día de Navidad). Estamos teniendo la noche de Navidad más extraordinaria de mi vida. …La cosa empezó anoche – una fría y dura noche – después del atardecer los alemanes comenzaron a gritar ‘¡Feliz Navidad, ingleses!’ hacia nosotros. Por supuesto decidimos responderles de la misma manera y de pronto una gran cantidad de soldados de ambos bandos habían abandonado sus trincheras, desarmados, y se encontraron en medio de la Tierra de Nadie. Allí mismo – por parte de todos – se hizo un acuerdo de que ningún bando debería disparar durante esa noche. Todos los hombres fraternizaban en el centro de la Tierra de Nadie. Ni un solo disparo se escuchó en toda la noche”.

La realidad fue dura cuando terminó la tregua, y los soldados que una noche antes habían estado cantando villancicos y compartiendo cigarros ahora debían asumir el deber que su patria les cargaba sobre la espalda, y apuntar su arma contra aquel que durante unos días pudo considerar un amigo.

Hoy, cerca de la ciudad de Bélgica de Ypres, yace una sola cruz en medio de un campo enorme. Esa cruz resta en ese lugar desde 1999, cuando fue colocada allí, y en ella están talladas las palabras “1914. Christmas Truce 1999. 85 years. Lest We Forget”, que tiene como objetivo no olvidar lo que ocurrió aquellos años, y que sirva de referencia para nuestras generaciones y las que vengan después.

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