LOS MISERABLES DE PLÁSTICO

Entre las visiones y maravillas del Madrid de los Austrias, sus luces, las calles llenas de perfume a modernidad e historia, se ocultan los marginados y los indeseados, o, como los llama Victor Hugo: los «miserables». Sombra y visión oculta de una ciudad que se disfraza de cosmopolita y progresista, digna de formar parte de la élite de los países mundiales.

Los mendigos forman parte de la sociedad en la que vivimos hoy en día, son aquellos a los que el sueño del capitalismo no ha llegado, aquellos a los que la vida, fortuna y muchas veces patria ha traicionado o fallado. Solo hay que mirar por encima de las pantallas para descubrir el sorprendentemente alto número de personas que duermen en la calle, en cartones, vertederos y puentes o, si tienen suerte, un cuchitril con olor a humedad, sin calefacción, sin nadie que le espere para darle el calor de otro cuerpo. Así vive la gente invisible, las que nos sonríen mientras nosotros, a tres metros, nos tomamos un filete en el restaurante de la esquina, riéndonos de lo complicado que son los exámenes o el trabajo.

Anónimos e ignorados, tristemente han visto engrosadas sus filas gracias a la cuarentena y la recesión económica resultante de la pandemia del Sars-Cov 2, más conocido por todos como coronavirus, haciendo en muchos casos las vidas de estas personas aún más miserable.

Estos mendigos, aquellos que yacen en la oscuridad de la sociedad, invisibles, sin nada ni nadie que les apoye en su situación, son a menudo presa fácil de numerosas mafias que, como si de bestias se tratasen, buscan, encuentran y atrapan, abusando de ellos de formas que rozan lo inhumano. Gracias a ellos, los falsos tullidos recorren ahora las calles de aquel antaño flagrante y límpido Madrid de los Austrias.

Estos pobres desdichados viven atrapados en sus garras, manipulados bajo un yugo impuesto por personas que han caído en los más bajos instintos, aquellos que pretenden sacar provecho de la desesperación humana, aquellos dispuestos a devorar y arrebatarles la esperanza, a arrebatarles incluso la propia dignidad, convirtiendo finalmente al hombre en objeto, eslabón en la cadena de corrupción y degradación en la que han tenido la desgracia de caer.

El método que utilizan estas organizaciones varía, pero como idea general vemos como estas mafias buscan a personas que sufran deformaciones físicas u obligan a los mendigos a llevar ciertos dispositivos que verdaderamente deforman sus extremidades, haciendo más creíble la farsa, además de inventarse una historia para manipular a los transeúntes. Como último paso, se les coloca en determinados lugares estratégicamente colocados comenzando finalmente la actuación. Al acabar el día, estas personas entregan una porción de sus ganancias a cambio de, con suerte, un mísero apartamento putrefacto que en muchas ocasiones comparte con los demás mendigos, siendo éstos expulsados si no cumplen con su «deber», obligados pues a seguir envueltos en este triste ciclo.

Quiero clarificar que esto no significa que todos ellos sean falsos, malas personas o que todos los mendigos que encontremos hayan colaborado con las mafias, ya que la gran mayoría se han visto envueltos en sus redes gracias a la desesperación. Pero si que significa que hay que fijarse a quién hay que dar nuestro dinero, puesto que la mejor forma de ayudarles es notificar a las ayudas sociales y ONGs, o simplemente, por doloroso y triste que pueda sonar; pasar de largo, puesto que si este proceso deja de reportar beneficios, las organizaciones que realizan estos viles actos se verán obligadas a terminar permanentemente estas acciones de una vez por todas.

Es muy difícil juzgar y distinguir a estos «mendigos de plástico» pero uno de los común denominador que siguen es que principalmente son inmigrantes de Europa central u oriental, ya que de esta forma a las mafias les resulta más fácil manipularles y meterlos en sus redes, ya que no tienen a dónde ir o volver. Por otro lado, suelen posar de formas ignominiosas y vistosas para así llamar la atención. Otro factor que se suele repetir es que suelen querer contarte su historia o victimizarse, de nuevo para tratar de recaudar la mayor suma posible de quién se detenga a mirar o a dar dinero. Por último, muchos de ellos padecerán una dolencia o deformación física que seguramente mencionarán repetidamente (un truco para reconocerlos es ver si mencionan algo con relación al precio de la operación o tratamiento, ya que en España existe la sanidad pública).

Tras ver la situación presente, vuelvo a recordar que es un error demonizar o marginar a estos mendigos, ya que estos son arrastrados a esta situación infrahumana bajo la más absoluta inocencia e ignorancia, siendo pues nuestro curso de acción luchar contra la oscuridad con la llama de la esperanza y el conocimiento, iluminando y acabando con el cruel reinado de la sombra que hoy por hoy reina allá donde alguna vez hubo un imperio donde nunca se puso el sol, donde jamás cupo la noche.

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